El cuco
De acuerdo con ese libreto, periodistas, locutores, operadores, camar贸grafos, productores, administrativos y el resto de la constelaci贸n de laburantes de los medios audiovisuales, de ahora en m谩s vivir谩n con la guillotina sobre sus cabezas por obra y gracia de la nueva norma legal que viene a reemplazar a la heredada de la dictadura militar.
De tanto machacar con ese argumento -debidamente amplificado por sus voceros-, distintos sectores de la comunidad han revelado su preocupaci贸n por el tema. Se suma a ellos el coro estable de una clase pol铆tica desesperada por congraciarse con el poder medi谩tico y que confunde deliberadamente libertad de prensa con libertad de empresa.
M谩s a煤n, no faltan los colectivos de trabajadores de esas empresas dominantes que, por acci贸n u omisi贸n, por conveniencia u ignorancia, o simplemente por miedo, se tragan la p铆ldora.
El Grupo Clar铆n; el Grupo Vila, Manzano, De Narv谩ez; el Grupo Telef贸nica de Espa帽a, Cadena 3, entre otros, esgrimen un discurso perverso, falaz, oscurantista y se cuidan muy bien de decir lo que es una verdad de "Perogrullo" para el com煤n de los mortales. A mayor cantidad de medios de comunicaci贸n, promovidos por la desconcentraci贸n de la propiedad a la que apunta el proyecto de ley que se debate en el Senado de la Naci贸n, mayor demanda de trabajo. Por el contrario, a m谩s concentraci贸n y monopolio, menor cantidad de puestos de trabajo disponibles. As铆 de sencillo. As铆 de rotundo.
Con la aparici贸n de los multimedios en la d茅cada del 鈥90, de la mano del formidable proceso de concentraci贸n de las empresas de comunicaci贸n, se reflej贸 con toda crudeza el nivel de precarizaci贸n y flexibilizaci贸n laboral que castiga a la actividad y de la que son sus principales v铆ctimas, aunque no las 煤nicas, los movileros que trabajan a destajo con sus grabadores y micr贸fonos para hacer la nota de turno para la radio y la TV del grupo que abona sus salarios y, en m谩s de una ocasi贸n, para el diario de esa misma corporaci贸n.
Dos o tres trabajos cumplidos contempor谩neamente por un solo sujeto. El para铆so de la superexplotaci贸n, el sue帽o de todo patr贸n de estancia, que eso y no otra cosa son los gerentes de Recursos Humanos de esas empresas. Verdugos cotidianos de los compa帽eros que, sin embargo, y para su enfado, se organizan y luchan en defensa de un salario digno y mejores condiciones laborales.
Son unos caraduras. Y todav铆a tienen el tup茅 de asustar con el cuco del despido para crispar a煤n m谩s a una sociedad azotada por la pobreza, el desempleo y la marginalidad, cuando ellos fueron y son los principales responsables del achicamiento de la fuerza laboral en el universo de la comunicaci贸n.
Tanto a nivel nacional como en cada una de las provincias, el ejercicio de monopolizaci贸n de la comunicaci贸n dej贸 un tendal de desocupados. Por caso, los trabajadores cordobeses recuerdan perfectamente la cantidad de despidos disfrazados bajo el ropaje de 鈥渞etiros voluntarios鈥 que oper贸 el Grupo Clar铆n cuando desembarc贸 en esa provincia para quedarse con casi todos los canales de TV por cable, el diario La Voz del Interior y Canal 12.
No se puede olvidar, tampoco, el proceso disparado a trav茅s del terror para desconocer los convenios colectivos de trabajo, el Estatuto del Periodista Profesional, propiciar los acuerdos de parte para extender la jornada laboral, disminuir salarios, etc茅tera, escudados en su posici贸n hegem贸nica. Ese panorama desolador se reprodujo en el conourbano boanerese y a lo largo y ancho del pa铆s. Entoces, 驴de qu茅 est谩n hablando ahora? En realidad, quieren sepultar una discusi贸n leg铆tima y necesaria bajo los escombros de una amenaza vil que, por otro lado, ya ejecutaron en tiempo y forma.
S贸lo la resistencia insobornable de las organizaciones gremiales, y la voluntad de los trabajadores organizados en cada empresa, fue capaz de poner un l铆mite a tanta voracidad patronal.
Ni hablar de los mecanismos de censura y autocensura impuestos con mano f茅rrea por los directores de contenidos para que circule y se difunda el discurso 煤nico funcional a los intereses de los que mandan.
El cuco no existe. S贸lo sirve para asustar a los chicos a la hora de la siesta. La verdad es que los trabajadores y el pueblo nos merecemos una nueva Ley de Radiodifusi贸n antimonop贸lica, plural, democr谩tica, capaz de distribuir la palabra con justicia social.
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